The Gozitan Experience

The Gozitan Experience es una mezcla de usos británicos y mediterráneos en medio de un desierto árabe lleno de italianos y alemanes. Los horarios de todo se rigen por Greenwich, pero el carácter es muy mamma siciliana.

Qbajjar Bay II

 

Mi casita está al noreste de Gozo, en Marsalforn. Por allí amanece pronto y eso ayuda a empezar el día: desayuno un café italiano y una pasta local; me monto en un coche británico para conducir por la izquierda sentada a la derecha; paso la mañana con gente eslava que ha decidido aprender inglés en un sitio más soleado que Inglaterra. Afortunadamente, los españoles aquí no somos mayoría. Parece que no ha llegado la noticia de que somos una plaga (creo que nunca había estado tan lejos de España, que no de casa, pues los gozanos son amables hasta puntos insospechados).

A las 12:30 termina la mañana. Entonces, pescado a la brasa (lampuki, rockfish, swordfish), un plato de pasta fresca y, según la tarde, buceo, kayak, snorkel o tumbing. Los mejores atardeceres se ven desde Xlendi, al suroeste: hay rincones en los que estás en la costa y en el desierto a la vez. Todo está sequísimo, no hay ríos en la isla, y las piedras parecen montañas de curri: el viento las erosiona con lentitud y, si las tocas, puedes quedar cubierto de su polvillo amarillento. Las pocas playas de arena que hay son oscuras, de color piel morena. Hay varios puntos de visita obligatoria que se encuentran bien señalados en los mapas y en las carreteras. Fuera de eso, todo es imaginación y brújula interior: «Si el sol sale por el este y se pone por allí, entonces…». Es necesario alquilar un coche o una moto, o contratar un servicio de transporte. Que no te engañe el tamaño de la isla: la bicicleta está bien para hacer rutas, pero, créeme, NO es el medio de transporte ideal en Gozo.

Gozo_Harbour

 

Algo que nadie te dice sobre esta isla es todo lo que aprendes si regateas en los puestos de comida y en los mercadillos; que no te puedes ir sin comer en el It-tokk de Rabat ni sin cruzar en kayak el estrecho que hay entre Gozo y Comino; que la red de carreteras tiene forma de cruz de Malta y su kilómetro cero es una rotonda pintada en el suelo; que merece la pena perderse con la cámara de fotos por los pueblos que van saliendo a tu encuentro lejos del Azurre Window; que los domingos por la tarde se juega al bingo en la calle; que no todos los caminos del mapa son accesibles…

Es fantástico pasear por Comino y encontrarte con camaleones y erizos; sentir que estás en una isla desierta (solo viven cuatro personas). Pero la horripilante cantidad de gente y camionetas de comida rápida que se juntan, cuesta arriba, en el escaso kilómetro cuadrado de la Blue lagoon me hacen dudar. Si existe el infierno de Dante, al menos uno de los círculos debe de pasar por allí… Y esto es algo que, fuera de las postales paradisiacas, tampoco nadie te dice.

Raqqa Point

 

Malta, la isla más grande del archipiélago, no deja de ser y parecer otro rincón mediterráneo más, preparado para soportar los cinco meses de temporada alta con su turismo playero-erótico-festivo. Luego está el interior, la chicha, los sitios interesantes a los que casi nadie va y que te toca descubrir a ti cuando vas allí a aprender inglés.